Alpine sigue siendo la esencia del deportivo galo: ligero, ágil y diseñado para quien prioriza la emoción de la conducción por encima de las cifras de salón. No pretende deslumbrar con ostentación, sino convertir cada ruta en una pequeña celebración de estilo y precisión que te arranca una sonrisa en cada curva.
Alpine mantiene una estampa reconocible: líneas bajas, voladizos cortos y una silueta que evoca deportividad sin estridencias. El A110 conserva la elegancia de un deportivo clásico ligero, mientras que el A290 introduce la apuesta de la marca hacia un lenguaje más urbano y electrificado con rasgos modernos y compactos. Ambos modelos buscan identidad propia frente a rivales más ostentosos: el A110 seduce por equilibrio y proporciones, el A290 por personalidad joven y diferenciadora.
La cabina del A110 es claramente orientada al conductor, con asientos envolventes, materiales de calidad y una ergonomía directa que prioriza la sensación de conducción sobre el lujo ostentoso. El A290 promete una atmósfera más práctica y tecnológica, con mayor atención a la conectividad sin renunciar a acabados cuidados que mantienen el toque deportivo de la marca. En ambos casos la sencillez y la nobleza de los materiales marcan la pauta frente a interiores demasiado recargados.
Como deportivo biplaza, el A110 ofrece un maletero compacto y espacio interior limitado, adecuado para escapadas de fin de semana pero poco práctico como coche único para una familia; el hueco de carga es reducido y el acceso trasero es limitado. El A290, al orientarse al uso urbano y cotidiano, busca mayor versatilidad con paquetes de habitabilidad superiores y soluciones de carga más útiles para el día a día. La elección entre ambos depende de prioridades: emoción y diseño frente a utilidad y versatilidad.
El ADN del A110 gira en torno a la ligereza y el equilibrio; con potencias que llegan hasta aproximadamente 292 CV en las variantes deportivas, el 0-100 km/h puede quedar alrededor de los 4,4 segundos en la versión más prestacional, y la sensación en curvas es de coche muy neutro y comunicativo. La dirección es directa y el chasis busca precisión antes que confort absoluto, lo que recompense en carreteras reviradas y circuitos cortos. El A290 se orienta a una respuesta más dócil y filtrada, priorizando confort y asistencia en ciudad sobre la contundencia dinámica del deportivo.
El A110, con motor gasolina sobrealimentado, ofrece consumos contenidos para su categoría pero claramente superiores a un eléctrico; en uso real conviene esperar medias alrededor de la zona de los 7–9 l/100 km dependiendo del ritmo. La llegada del A290 consolida la estrategia eléctrica de Alpine: cero emisiones en ciudad y costes de uso inferiores, con una autonomía pensada para el día a día urbano y los desplazamientos cortos-medianos. En términos prácticos, la diferencia se nota en el bolsillo en el uso diario y en la libertad para moverse por zonas con restricciones ambientales.
Las herramientas de asistencia en los modelos actuales combinan las soluciones necesarias para seguridad y confort sin convertir al coche en un cruce entre tablet y robot; el A110 mantiene ayudas básicas y enfoque conductor, mientras que el A290 amplía opciones electrónicas y conectividad para un público más digital. Los sistemas multimedia ofrecen integración con smartphone y navegación, aunque la marca apuesta por interfaces limpias que no distraigan del cometido deportivo. En resumen, la tecnología complementa la experiencia sin reemplazar la conducción.
Alpine se dirige a dos perfiles claros: el entusiasta que busca un deportivo ligero y puro con el A110, y el cliente urbano que busca estilo, electrificación y practicidad en la línea del A290. El A110 encaja como coche de fin de semana o segunda unidad para quien prioriza sensaciones y comportamiento; el A290 aspira a atraer a compradores jóvenes que buscan personalidad y soluciones eficientes en el día a día. La decisión pasa por valorar cuánto pesa la emoción frente a la utilidad en la lista de prioridades del comprador.