Carácter honesto, presencia sin artificios
El Suzuki Vitara mantiene un diseño rectilíneo y fácil de leer, con pasos de rueda marcados y una cintura baja que favorece la visibilidad. No busca el efecto “showcar”, sino transmitir robustez y practicidad, algo que se agradece al aparcar entre coches o maniobrando en calles estrechas. Los ajustes de carrocería son correctos y los plásticos exteriores resisten bien el trato diario, aunque el conjunto no pretende deslumbrar por sofisticación. Con 1,78–1,80 m de ancho es compacto para su clase, y esa compacidad se nota para bien en ciudad. Las versiones con detalles negros y llanta más grande añaden algo de empaque sin sacrificar la facilidad de uso.