Presencia que habla sin palabras
El Polestar 4 entra en escena con una silueta deportiva y escandinava que busca seducir a quien valora el diseño como parte de la experiencia cotidiana, mientras que el Tesla Model Y juega la carta de la sobriedad funcional y la aerodinámica práctica. Uno se siente esculpido y elegante en el garaje; el otro, más discreto, transmite eficiencia y propósito en la carretera. Esa diferencia de carácter ya define a qué tipo de conductor atrae cada uno: el que quiere mostrar estilo frente al que prioriza versatilidad sin alardes. En ambos casos la primera impresión es clara y coherente con la propuesta de marca.