Dos hermanos, dos temperamentos
En la familia Mazda hay química, pero también personalidad propia: el Mazda CX-30 se presenta como el más vivaz y juguetón, mientras que el Mazda CX-5 apuesta por la serenidad y la presencia más tradicional. El primero transmite una sensación de agilidad que invita a tomar atajos urbanos y curvas cerradas; el segundo prioriza aplomo y confianza, ideal para viajes sin sobresaltos. Ambos comparten la misma filosofía de diseño, pero la experiencia al volante los distingue con claridad.