Un coche que podría haber sido brillante, arruinado por un dogmatismo tecnológico. El 95 % de los problemas de este coche están entre el parabrisas y el volante. Los puntos positivos quedan destruidos por una implantación fallida de tecnologías a toda costa. Las funciones básicas son difíciles de acceder, ahogadas en menús, y las advertencias y alertas inútiles y constantes hacen que la experiencia sea frustrante y arruinen la ergonomía en conjunto. Añade los problemas recurrentes con el sistema de cierre de puertas, que el concesionario no puede solucionar tras varias visitas, una autonomía muy alejada de lo prometido y un sistema de evitación de accidentes que toma iniciativas peligrosas de forma aleatoria, y puedo afirmar que es el peor coche que he comprado. Después de varios meses, lamento profundamente esta compra.